2026-03-27 17:34:47 - MUNDO
No se trata de fotos oficiales, de eventos extraordinarios ni de personajes famosos. Las imágenes que están cautivando en redes sociales y plataformas online son las antiguas fotografías del barrio, la plaza del pueblo o la fiesta familiar de hace varias décadas.
Una serie de iniciativas privadas y públicas en América Latina buscan reunir, catalogar y digitalizar estos registros y darles acceso público. Los une el interés por poner en valor el patrimonio y rescatar la memoria visual.
En Chile, el arquitecto Felipe Bengoa comenzó en 2015 esta búsqueda interesado por la transformación de las ciudades, pero pronto alcanzó dimensiones más amplias. Es el fundador de Enterreno Chile , que hoy cuenta con más de cien mil fotografías -unas 15 mil online- que van desde 1860 hasta el año 2000.
Ahí hay colecciones de fotógrafos, pero también álbumes privados. "Son miradas desde los mismos ciudadanos, las fotos de sus abuelos o sus padres, que digitalizamos y compartimos con la comunidad para generar esta base de memoria. Recibimos muchísimos archivos familiares y ha crecido mucho el interés por visualizar este tipo de contenidos", dice Bengoa a DW.
Similar es la experiencia del Archivo Visual Argentino, liderado por el historiador Juan Pablo Baliña. "Buscamos reunir el acervo de las familias, todas esas pequeñas colecciones familiares minúsculas que están en una caja de zapatos arriba de un ropero o debajo de una cama. Es algo que está creciendo muchísimo porque cada familia quiere contar su historia", señala a DW. Comenzó en 2024 y ya supera los 20 mil registros hasta 1940, con material de fotógrafos profesionales, exploradores, investigadores, así como particulares.
En Ecuador, desde 2014, el Archivo de Fotografía Patrimonial del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural preserva colecciones de instituciones, a las que agregó registros privados, que comprenden hasta 1980. "Buscamos resguardar estas imágenes que forman parte de la memoria visual del país y ponerlas en acceso público para la ciudadanía", dice Ana Barreno, custodia del Archivo. Cuentan con 22 mil imágenes digitalizadas, además de la reserva física, desde los primeros retratos de estudio, registros de misiones religiosas, espacios urbanos y rurales, el trabajo en las haciendas o las fábricas.
Los archivos se nutren de donaciones de fotos en diversos soportes. Las digitalizan, catalogan con el apoyo de expertos en un sinfín de temas y las suben a las plataformas. En redes sociales alcanzan una visibilidad insospechada, con comentarios que permiten mejorar las descripciones y el contexto. "La colaboración es el gran aliado de este proyecto", destaca Baliña.
"A partir de una foto surgen miles de interacciones, memorias y recuerdos, o el interés de impulsar políticas públicas para recuperar ciertos espacios”, afirma Bengoa. "Al público más joven le genera impresión el cambio y, al más adulto, nostalgia. Se acuerdan de los veranos o los paseos familiares", comenta.
El director de Enterreno sostiene que "tenemos vínculos emocionales con los territorios, con lugares que nos hacen volver y conectar con esas personas. La gente va a buscar cómo era su barrio o dónde vivían sus padres. Y también está el sentido de pertenencia, de querer participar, no solo explorar, sino mandar sus fotos para pertenecer a la construcción de esta memoria".
"En la actualidad hay mucho interés por consolidar una memoria más comunitaria, que no solo se compone de los grandes acontecimientos, sino de las actividades del día a día, de los afectos, las emociones, el trabajo, las tradiciones, las fiestas y el espacio que habitamos", observa Baliña.
En opinión de Bengoa, estos registros "tienen una gran trascendencia para la ciudadanía. Hay una mirada más desde la calle que la clásica institucional que han tenido archivos anteriormente". Es lo que observa también Barreno: "Suele pasar mucho que nos piden fotografías porque encontraron a su bisabuelo o porque de niños visitaron tal lugar y se acuerdan cómo era, entonces hay una mayor cercanía con estas imágenes cotidianas. No buscan al presidente, sino lo más cercano, lo que más emociona".
"Las historias mueven el mundo y estas fotos guardan historias. Quizás eso explica el vínculo reciente y por qué la gente las valora, pues esas historias dan sentido", subraya Baliña. El investigador y cronista sostiene que estos registros son una gran pista para comprender los desafíos que tenemos y cómo los podemos abordar. "La gente se entusiasma y se emociona muchísimo porque se da cuenta de que una foto familiar que ellos valoraban es valorada por los demás. Es una cadena que va creciendo constantemente. Las donaciones llegan con mucha frecuencia, y los pedidos de investigación, también", añade.
Para Barreno, estas imágenes permiten ver "otros cuerpos en la historia, que han sido invisibilizados o no tomados en cuenta en el relato oficial", como los trabajadores, mujeres, niños, comunidades afrodescendientes o indígenas. "Nos solicitan muchas imágenes de lo cotidiano, registros de familia, espacios como la plaza, el mercado o actividades de la vida diaria. Permiten reconstruir una historia más amplia y diversa, en que las personas comunes se sienten incluidas", comenta la custodia del Archivo de Fotografía Patrimonial de Ecuador.
"El proyecto busca recuperar estas colecciones que estaban en manos privadas, de coleccionistas y familias, algunas en cuartos, en bodegas, y no tenían a quién heredar. Nosotros las ponemos a disposición de la ciudadanía para ir escribiendo nuevas historias a través de esta fotografía y recuperar esta memoria local", indica Barreno.
Muchas de estas fotos han sido rescatadas de sitios de demolición y bodegas, ya sea de autores anónimos o registros insospechados de fotógrafos reconocidos. "El mensaje es no tiren esas fotos, avísennos y nosotros nos ocupamos de que pasen al patrimonio público, y poner todas estas pequeñas historias a disposición de todos", complementa Baliña.
Un caso destacable es la colección del conocido arquitecto chileno Luis Mitrovic. Sin descendientes, dejó un sorprendente legado de 17 mil fotos, registro privilegiado de la sociedad chilena, viajes por el mundo y la Europa de preguerra, entre otros. Desconocidas por décadas, pasaron de un lugar a otro hasta que fueron rescatadas y entregadas a Enterreno, donde aportan una nueva mirada a procesos y cambios que enfrentó la sociedad. "La fotografía te ejercita la empatía histórica", consigna Bengoa.
En el resto de América Latina y el mundo se suman nuevas iniciativas y surgen redes e intercambios. Barreno destaca la colaboración con el Instituto Leibniz de Alemania, que resguarda fotos de vulcanólogos y exploradores alemanes que visitaron Ecuador, Colombia y Perú entre 1870 y 1915.
"Cada país ha solicitado la digitalización de las fotografías de su territorio y ahora podemos hacer estos recorridos que se hicieron hace 100 años por los nevados y además ver la sociedad, la población indígena y afrodescendiente en estos tres territorios", señala.
El acceso libre a estas imágenes es una importante fuente para investigadores, artistas o familias y han dado pie a exposiciones y proyectos de divulgación. En Argentina, Baliña publicó el libro "Paisanos" una mirada al ser nacional con algunas de las mejores fotos del Archivo Visual.
Con la idea de promover el intercambio y establecer estándares de trabajo, nació OPAN, una red internacional de plataformas de archivos visuales, que preside el chileno Felipe Bengoa, de Enterreno. En Alemania, en tanto, está en proyecto la plataforma colaborativa Fortepan Germany, un nuevo espacio de rescate y valorización de la memoria visual.
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